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Rutas e itinerarios

Ruta de Valles Pirenaícos

Toda la franja pirenaica situada en la parte norte de Aragón constituye una reserva natural y paisajística de carácter excepcional. La belleza de estas montañas y su riqueza cultural suponen un atractivo turístico de primer orden. Saliendo desde Huesca capital, existen varias opciones, pero siempre accediendo a los valles pirenaicos en sentido sur-norte. El más occidental de todos ellos es Ansó, que describiremos a partir de Jaca, en un recorrido de alrededor de 100 kilómetros; el otro, al valle de Benasque, el más oriental y ya en los límites con Cataluña, incluye el paso o la visita por las ciudades de Barbastro y Graus.

El primero de los itinerarios mencionados, corresponde a la Jacetania, una comarca llena de historia y de enorme variedad cultural -claramente preservada entre los límites de cada uno de los valles que la configuran- que se manifiesta a través de particularidades dialécticas, de indumentaria, arquitectónicas e incluso etnográficas. Este punto de confluencia geográfica -donde se mezclan la influencia atlántica y la mediterránea, la alta montaña y los llanos de La Canal- se ha convertido también con el paso del tiempo en una auténtica encrucijada humana, cuyo atractivo turístico se incrementa con la presencia de modernas estaciones invernales Astún, Candanchú, Formigal, Panticosa y Balneario de Panticosa.

Jaca

Capital de la comarca es un moderno núcleo urbano cargado de historia, donde abundan los monumentos de interés. Merecen especial atención la Catedral, de un románico del s.XI, en cuyo interior se encuentra el Museo Diocesano con una valiosa colección de pintura mural románica, la iglesia del Carmen, construida en la primera mitad del siglo XVII, la iglesia de Santiago, llamada de Santo Domingo a causa de su posterior entrega a los dominicos, que contiene la capilla del Rosario, el Real Monasterio de las Benedictinas, donde se hallan una cripta primitiva y el templo de San Ginés, el colegio e iglesia de las Escuelas Pías, fundado en el siglo XVIII, la ermita de Sarsa, obra del románico rural, la ermita de Nuestra Señora de la Victoria, restaurada después de la Guerra de la Independencia, el Palacio Episcopal que alberga, entre otras obras de arte, tablas góticas y lienzos barrocos, los restos de las murallas de la ciudad medieval y la Ciudadela, restaurada en 1968, con una iglesia dedicada a San Pedro, la Casa Consistorial, en cuyo hermoso patio renacentista se conservan las campanas de la Torre del Reloj, la Torre del Reloj, construida en el XV, el Hospital, de estilo plateresco, y la Plaza del Mercado o de la Seo.

En la carretera de Jaca a Pamplona, y a la altura del pueblo de Berdún, parte una desviación que, siguiendo el curso del río Veral, nos conducirá a Ansó (860 m.), villa que puede calificarse como museo viviente debido a su hermosa arquitectura y a su estado de conservación, en la que destaca la iglesia de San Pedro, de un gótico tardío. En el mes de agosto se celebra aquí un vistoso festival que recibe el nombre de Día del Traje. Quince kilómetros más adelante se llega a las magníficas praderas del valle de Zuriza, donde, al llegar al suave cauce del barranco de Petrechema, nos encontraremos con las pistas de esquí de fondo de Linza.

A 20 kilómetros de Jaca, pero esta vez a partir del lugar denominado Puente la Reina-estación de servicio y restaurantes-, parte una carretera que conduce al valle de Hecho, y en la cual se encuentra un desvío que llevará a Aragüés del Puerto y Jasa, típicos pueblos pirenaicos, desde donde se contemplan hermosos paisajes. Una vez llegados a la villa de Hecho (833 m.) podremos admirar una vez más la arquitectura típica pirenaica y los trajes tradicionales. A 3 km. se podrá contemplar el Monasterio de San Pedro de Siresa, cuyos orígenes se remontan al siglo IX. Fue visitado por San Eulogio de Córdoba hacia el 850, y actualmente está declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional. Catorce kilómetros más adelante, y a través de la angosta Boca del Infierno, se llega a la maravillosa Selva de Oza.

Canfranc

A unos 20 km. de Jaca, es el principal punto fronterizo de la provincia de Huesca. Situado a 1.190 m. de altitud sobre las márgenes del río Aragón, es un interesante lugar de veraneo. Hacia la mitad de este recorrido se encuentra Villanúa. A 7 km. de esta estación internacional de Canfranc y a uno del puerto de Somport, a 1.560 m. de altitud, se encuentra Candanchú, excelente lugar para la práctica del esquí. Siguiendo la carretera general a Francia, en el término municipal de Castiello, hay un desvío señalizado y asfaltado que conduce a Borau y Aísa, típicos pueblos pirenaicos. Tras 2 km. de pista forestal se llega a los restos del Monasterio románico de San Adrián de Sasabe.

Pero es, sin lugar a dudas, una excursión al Parque Nacional de Ordesa, algo que no puede dejar de recomendarse, ya que es uno de los mejor conservados y considerados a juicio del Consejo de Europa. Situado en el valle de Ordesa, que es una de las diversas vaguadas que descienden del impresionante macizo calcáreo del Monte Perdido, el Parque de Ordesa bien vale un desplazamiento a las tierras aragonesas de Huesca para disfrutarlo. Torla (1.031 m.), enclavado al pie de la Peña de Mondarruego y puerta del valle de Ordesa. Nueve kilómetros más adelante se llega al valle. La vegetación y la fauna del lugar aconsejan la visita a esta reserva natural, que tiene como fecha de creación el 15 de agosto de 1918, pero que fue ampliado en 1982 y que hoy en día tiene restringida la entrada de los turistas para preservarlo del desgaste masivo.

Las excursiones que pueden realizarse a pie son numerosas. Desde sencillos paseos, como los recorridos de las praderías con las que empieza el valle, hasta el recorrido de todo él, siguiendo el curso del río Arazas, que permite ver magníficas cascadas, como las del Estrecho, del Abanico, Gradas del Soaso y la Cola de Caballo, esta última ya en el Circo del Soaso, en el fondo del valle, hasta largas caminatas por senderos más difíciles, como la excursión al Circo de Cotatuero, donde el río del mismo nombre se precipita desde una gran altura formando una majestuosa cascada. Es punto de partida para numerosas ascensiones, como la del Monte Perdido (3.355 m.) una vez superadas las paredes del Soaso y travesías como la impresionante del Cañón de Añisclo, contiguo a este valle. Es éste un atractivo circuito de montaña -muy recomendable- con techo inicial en Fanlo (1.342 m.), de purista arquitectura pirenaica, y emocionante final en los oscuros fondos del Cañón. Al otro lado de Monte Perdido está el valle de Pineta, con sus idílicas praderías que riega el Cinca.

Biescas

Enclavado en la encrucijada que forman las carreteras que conducen al valle de Tena y al de Ordesa, es un lugar magnífico de veraneo. Continuando por la carretera en dirección a Francia y remontando el valle de Tena, una vez cruzado el Puente de Escarrilla, se llega a Panticosa -pueblo-, a una altitud de 1.184 m. y a 10 km., atravesando parajes de agreste belleza se llega al balneario del mismo nombre, situado a 1.636 m. de altitud, cuyas aguas hipertermales sulfuradas están indicadas para una amplia gama de enfermedades, especialmente en el tratamiento de todos los reumatismos. Remontando el valle de Tena y pasado Biescas, se deja a la derecha el desvío al balneario de Panticosa, para llegar finalmente a Sallent de Gállego (1.305 m.), típico pueblo situado en las confluencias del río Aguas Limpias y el Gállego, que tiene sus fuentes en las proximidades del Portalet. Paso fronterizo de carretera por esta zona, ofrece amplias posibilidades para la práctica del montañismo. A muy poca distancia se encuentra la estación de esquí de Formigal, gran complejo turístico para la práctica de este deporte.

A 20 km. de Jaca, se encuentra, a la altura de Bernués, una desviación de 10 km. que conduce al Monasterio Nuevo de San Juan de la Peña, situado en una espléndida pradera rodeada de bosque. A cinco minutos del mismo, entre pinos y abetos, se halla el Balcón del Pirineo, magnífico punto desde donde se puede contemplar un bello panorama pirenaico. Desde la ya citada explanada, y por el camino asfaltado, se llega al Monasterio Viejo, cuna de la Reconquista aragonesa; construido debajo de una gran roca, está situado a 1.220 m. de altitud. Es el monumento más insigne de Aragón, siendo sus partes más importantes la llamada Sala de Concilios, la iglesia primitiva, el Panteón de Nobles, la iglesia alta y el claustro, todo ello en el más puro estilo románico. Desde aquí mismo, atravesando una zona de pinares, se llega a Santa Cruz de la Serós (788 m.) lugar donde se encontraba enclavado el Monasterio Benedictino del mismo nombre, del cual solamente queda la iglesia románica, de la que destaca la portada, el ábside, la torre y la pila de vertidos. A la entrada del citado pueblo se encuentra la iglesia de San Carpasio, de una sola nave con ábside semicircular, bello ejemplar del arte románico.

El mejor camino al Valle de Benasque, ubicado en la esquina nororiental de Aragón, junto a Francia y Cataluña, es Huesca-Barbastro-Graus. A unos 52 km. de Huesca capital, Barbastro es capital de comarca, cruzada por el río Vero. Punto de salida hacia los valles pirenaicos más privilegiados por la naturaleza, Barbastro muestra su imagen cosmopolita y moderna. Sus calles tienen un inconfundible sabor árabe y bien merecen una visita la Catedral, Palacio de los Argensola o el Palacio Episcopal.

Desde Barbastro se sale, girando a la derecha, por encima del río Cinca. Luego, ascendiendo hacia Benasque, se encontrará con un paraje natural deslumbrante: el Congosto de Ventamillo, impresionante desfiladero con el río ésera abajo y la estrecha carretera bordeando el cañón. Benasque se aparece al visitante como punto casi final de un valle de incomparable belleza. Casas infanzonas, torres, portales renacentistas y escudos de armas combinan con una arquitectura más moderna pero a la vez tradicional del Pirineo. Tiendas, hoteles, discotecas, restaurantes y otra serie importante de servicios hacen de la estancia un verdadero placer. Su ambiente es animado tanto en verano -cuando las mochilas de los excursionistas y los paseos de turistas más sosegados se mezclan en la Avenida de los Tilos- como en invierno. En estas dos épocas del año, Benasque multiplica su población gracias al atractivo del paisaje y de la nieve invernal.

La práctica del esquí en Cerler o la aventura de descender sobre el manto blanco desde el Pico de Aneto tras una ascensión en helicóptero, son algunas posibilidades de evasión para el visitante. Muy cerca están los famosos Baños de Benasque. Maravillosos lagos e ibones escondidos entre valles y montañas, son seguras y admirables sorpresas para el visitante.

Hacia el Sur, a través de Eriste y Santaliestra se puede enlazar con una ruta que lleva a Aínsa. En el verdadero corazón del Pirineo, no puede dejar de visitarse esta villa, capital del antiguo reino del Sobrarbe y notable muestra del urbanismo medieval. Pasear por la Plaza Mayor o contemplar desde la Torre Fortaleza una de las mejores vistas del Pirineo es algo obligado para quienes recalan en esta población, cruce de caminos y de ríos. Aínsa ofrece a sus visitantes una amplia variedad de posibilidades de disfrute. Desde la proximidad a la Sierra de Guara y sus Oscuros del Vero, a las excursiones, deportes acuáticos o simple descanso veraniego.